Castillo de Fuentidueña

La historia del castillo de Fuentidueña aparece ligada a la desaparecida fortificación musulmana de la Alfariella o de la Alarilla, edificada por la población musulmana para detener el avance de los reinos cristianos, durante la Reconquista.

La Alarilla fue conquistada por el rey Alfonso VI de Castilla entre los siglos XI y siglo XII. Los cristianos establecidos optaron por abandonar esta construcción, meramente militar, y levantaron en el siglo XII un nuevo castillo, que, además de fortaleza, sirviera de residencia palaciega.

En el castillo vivió la reina Urraca I, esposa de Alfonso I de Aragón, a quien el pueblo de Fuentidueña de Tajo llamaba su dueña. Este apelativo, unido a la existencia de un manantial a los pies del cerro donde se emplaza el castillo, da nombre a la localidad.

En el año 1212, Alfonso VIII consolidó la plaza, tras su victoria en la batalla de las Navas de Tolosa, que permitió la expansión meridional del Reino de Castilla.

En el siglo XV, el edificio pasó a manos de la Orden de Santiago. En 1438, el adelantado Pedro Manrique fue encarcelado en el castillo, en tiempos de Juan II. También sirvió de prisión a Álvaro de Luna, en castigo por sus diferencias con la citada orden militar, y a Diego López Pacheco y Portocarrero, segundo marqués de Villena, confinado por orden de Gabriel Manrique.

En el siglo XIX, durante la Guerra de la Independencia, el castillo de Fuentidueña fue expoliado y sus piedras utilizadas para la construcción de otras edificaciones.